dilluns, 9 de febrer de 2009

Leonardo Sciascia: el caballero y la muerte

Erasmo de Rotterdam. Alberto Durero (1526)


Leonardo Sciascia (1921-1989) escribió poco antes de morir su "obra maestra", El caballero y la muerte (Barcelona: Tusquets, 1989). Esta novela es una interpretación alegórica del grabado de Durero, el Caballero, la Muerte y el Diablo. Sciascia transforma el grabado de Durero en un relato policíaco ambientado en el turbio ambiente de la política italiana. El detective, enfermo de cáncer terminal, investiga el extraño asesinato de un abogado relacionado con las altas esferas del poder. Igual que el protagonista del grabado cabalga con la mirada fija y con un objetivo, la busqueda de la verdad. El Caballero también sabe que la lucha está perdida desde el principio. Busca la salvación por el conocimiento


El caballero, la muerte y el diablo de Alberto Durero

El caballero, la Muerte y el Diablo (1513), el grabado de Alberto Durero (1471-1528), se inspira en un texto de Erasmo de Rotterdam (1466/69-1536): "Para que no te dejes apartar del camino de la virtud porque te parezca abrupto y temible, porque tal vez hayas de renunciar a las comodidades del mundo, y porque constantemente has de combatir contra tres enemigos en lucha desigual, que son la carne, el demonio y el mundo, te será propuesta esta tercera norma: todos esos espectros y fantasmas que se abaten sobre ti (...) has de tenerlos en nada"

El texto del autor italiano se inspira en la obra de Durero y en el pensamiento de Erasmo para actualizar la larga tradición humanística del pensamiento crítico con el régimen establecido y buscar el sentido de la existencia y la sociedad armónica. Este año se cumplen 30 años de la muerte de Sciascia (enlace artículo Vázquez Montalbán por su muerte) y su obra, como la de Erasmo y Durero, sigue ayudandonos a buscar la verdad o, al menos, a pensar que la perseguimos.
Fragmentos para recordar el relato de El caballero y la muerte:
"Una ley, pensaba, aunque sea inicua, siempre es una forma de la razón: para lograr el fin de extrema y definitiva iniquidad, los mismos que la han querido y que la han hecho están obligados a infringirla, a violarla. El fascismo también era eso: conculcar incluso sus propias leyes. Y el comunismo de Stalin también, o más aún.
¿Y la pena de muerte? Pero la pena de muerte no tiene nada que ver con la ley: supones consagarse al delito, consagrarlo. Una colectividad siempre dirá, por mayoría, que es necesaria, precisamente porque se trata de una consagración. Lo sagrado, cualquier cosa que guardase relación con lo sagrado...El oscuro fondo del ser, de la existencia.
....
-Pero, ¿Esos hijos del ochenta y nueve...?
-Estaban haciendo falta -pensó en el diablo del grabado de Durero-. Es necesario que el diablo exista para que el agua bendita sea bendita.
....
Deambuló por la ciudad con una sensación de libertad que le pareció no haber sentido jamás. La vida seguía siendo hermosa, pero para quienes aún eran dignos de ella. Sintió que no era indigno de ella, y fue como si lo hubieran premiado. Era como para gritar:"Dios os ha dado un rostro y vosotras lo habéis transformado en otro", aunque no como Hamlet alas mujeres, a sus afeites, cremas y esmaltes, sino a todos los seres indignos, a la masa indigna que estaba invadiendo el mundo; como para gritarlo al mundo, que se estaba transformando en eso: en algo indigno de la vida. ¿Pero acaso el mundo, el mundo humano, no había aspirado siempre, oscuramente, a ser indigno de la vida?. Ingenioso y feroz enemifo de la vida, de sí mismo; pero al mismo tiempo había inventado muchas cosas amigas: el derecho, las reglas del juego, las proporciones, las simetrías, las ficciones, la buena educación..."Ingenioso enemigo de mí mismo":Alfieri, de él mismo, de él como hombre; pero también había sido ingenioso amigo, hasta ayer. Sin embargo, como siempre que llegaba al desaliento de hoy, a la desesperación del mañana, se preguntó si aquella amargura por la indignidad en que el mundo se estaba hundiento no encerraría un rencor por la cercaní de la muerte y una envidia hacia los que se quedaban..."

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