dijous, 19 de febrer de 2009

Simone de Beauvoir: La vejez, el antidoto al pensamiento líquido

Simone de Beauvoir y Zygmunt Bauman

La solución es fijarnos metas que den significado a nuestra existencia, esto es, dedicarnos desinteresadamente a personas, grupos o causas. Sumergirnos en el trabajo social, político, intelectual o artístico, y desear pasiones que nos impidan cerrarnos en nosotros mismos. Apreciar a los demás a través del amor, de la amistad, de la compasión. Y vivir una vida de entrega y de proyectos, de forma que podamos mantenernos activos en un camino con significado, incluso cuando las ilusiones hayan desaparecido. (Simone de Beauvoir: La vejez)


En una sociedad como la actual en que parece que envejecer y morir es un problema provocado por nosotros mismos que no nos hemos cuidado los suficiente. O la vejez, la decadencia física y la enfermedad se suele ocultar, porque no es estético, y nos recuerda la finitud de nuestra vida. La obra de Simone de Beauvoir La vejez (1970), centrada en la situación de la ancianidad en la cultura occidental y en donde critica apasionadamente la marginación y el ocultamiento, puede ser un buen libro para recuperar en esta época de pensamiento light o, como diria Zygmunt Bauman, de pensamiento liquido.

Conocemos a Simone de Beauvoir casi exclusivamente por su obra sobre la el feminismo, y muchas veces se olvidan sus reflexiones sobre la creación literaria, sobre el desarrollo de la Izquierda (antes y después de la Segunda Guerra), sobre el dolor y la percepción del Yo, y, por supuesto, las premisas del Existencialismo.

Ahora, aunque ya hemos pasado el año de su centenario, puede ser un buen momento para leer algunas de sus facetas menos conocidas.

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