dissabte, 14 de març de 2009

M. Carmen García-Nieto (1928-1997): historiadora y feminista

Hace unos días cayo en mis manos una biografía de la historiadora M. Carmen García-Nieto, escrita por Pilar Díaz Sánchez y editada por Ediciones del Orto (Colección Biblioteca de Mujeres, 55. 2003). Fue entrañable leer la breve biografía de una mujer como M. Carmen García-Nieto, porque fue, y es, un referente para muchas mujeres que nos interesamos por la historia. Trabajó en muchos ámbitos pero destacó por sus trabajos en la historia social, la de las mujeres, la de la vida cotidiana y la historia oral. Nos abrió nuevos caminos y nuevas formas de mirar la realidad y el pasado.

Recuerdo que la primera vez que la vi, fue en un congreso de historia de la mujer en la Universidad Complutense de Madrid (enlace Instituto de Investigación Feminista fundado por G-Nieto en 1988) en el año 1983. Después seguí su obra historiográfica y no la volví a ver hasta que volvió a Barcelona (1995) para terminar la obra emprendida por su hermano, el jesuita Juan García-Nieto (enlace) en la Fundación Utopía (enlace), creada por él y que se dedica al estudio del movimiento obrero del Baix Llobregat. Fue un encuentro muy breve porque M. Carmen murió (enlace) en 1997.

No fue sólo una académica y docente, sino que su compromiso social con los más débiles le llevó a militar en partidos y sindicatos de izquierda, trabajó en barrios obreros de Madrid y a la vez mantuvo una profunda fe religiosa y cristiana. Su figura es un ejemplo de compromiso, en la universidad, los barrios, en el movimiento feminista y allí donde pudiera ayudar a luchar contra el franquismo y recobrar la democracia.

La Fundación Utopía sigue trabajando para recoger las fuentes orales y la historia del movimiento obrero, como una forma de hacer justicia histórica con las clases trabajadoras y los sectores olvidados por la mayoría de la historia, como las mujeres.

El mejor homenaje para M. Carmen García-Nieto es reproducir un texto que resume muchas de sus preocupaciones sociales y aspectos metodológicos: los trabajadores, las mujeres y la vida cotidiana.

“Las mujeres adultas y niñas, al llegar a Madrid realizan largas jornadas laborales y sobre ellas recae el peso de un doble trabajo, fuera del hogar y en sus interior, a fin de sacar adelante a padres, hermanos e hijos ‘de forma que a base de combinar los escasos recursos alimenticios y de coser y recoser ropas, lograron extraer el máximo provecho de los reducidos salarios aportados mayoritariamente por los hombres’. En el pueblo también habían trabajado mucho -en el campo, con los animales, con el cuidado de los hermanos pequeños el ir a por agua etc…- pero en general era un trabajo gratuito, o cuando mucho, se recibía a cambio, únicamente algo de comida. Al llegar a la ciudad todo cambia. Adultas y niñas se incorporan al mercado de trabajo en los sectores tradicional y genéricamente adscritos a las mujeres: confección y servicio doméstico. Son pocas las que trabajan en algún taller de otro tipo.
Los trabajos en el sector de la confección tienen dos modalidades: el que se hace en el propio domicilio, para tiendas o particulares y los que se realizan en talleres (de bordado, alta costura, sastrerías, corseterías…) o como costureras en casas particulares. Respecto al trabajo en el sector del servicio doméstico, hay que distinguir entre el realizado por mujeres casadas que trabajan ‘por horas’, como asistentas para contribuir con su jornal al presupuesto familiar, y en muchos casos, para que el hijo estudie. Las mujeres son, en este aspecto, un factor importante de movilidad social.
Las trayectorias laborales de las mujeres se caracterizan por una movilidad grande. Esto no supone, de ninguna manera, una mejora progresiva sino que por el contrario, se gira siempre en torno al mismo tipo de trabajos. Otro rasgo particular es que el trabajo fuera del hogar, en general, finaliza al contraer matrimonio. Las que continúan lo hacen por una necesidad económica muy fuerte, o vuelven a incorporarse al mercado de trabajo cuando los hijos son mayores, y muchas lo han de hacer cuando el marido se halla en paro o en jubilación adelantada. El hecho de abandonar el trabajo al casarse hay que vincularlo, por una parte, a la legislación franquista que hasta la ley de 20 de agosto de 1970 no permitía a las mujeres mantener su puesto de trabajo al contraer matrimonio y, por otra parte también, a la ideología patriarcal, que atraviesa todas las clases, y defiende como el lugar propio de las mujeres la casa y la familia. A esto hay que añadir las largas jornadas laborales, tanto en el taller, la casa de los señores, etc, con salarios muy precarios en relación con los de los hombres y la larguísima segunda jornada en el hogar, totalmente gratuita, y que se caracteriza, fundamentalmente, por contribuir a la reproducción y mantenimiento de la fuerza de trabajo masculina”

La palabra de las mujeres. Una propuesta didáctica para hacer historia (1931-1990), 1991: pág.16-17)

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