dimarts, 8 de setembre de 2009

Ellas solas. Un mundo sin hombres...


Este verano he acabado el ensayo de Virginia Nicholson, Ellas solas: un mundo sin hombres tras la Primera Guerra Mundial, Madrid, Turner, 2008.
En la Primera Guerra Mundial murieron setecientos cincuenta mil jóvenes británicos, la “generación perdida”. Quedaron miles de viudas y niños huerfanos, pero la mayoría eran solteros. Su muerte afligió también a toda una generación de mujeres. En la década de los años 20 se empezó hablar de las mujeres “excedentes” que eran casi dos millones de mujeres. Educadas para casarse y tener hijos, esta generación de mujeres tuvo que aprender a la fuerza, y reinventarse, contra muchos prejuicios y, contra sus propias expectativas y deseos, para vivir una vida sin hombres.
El libro trata de averiguar cómo sobrellevaron la imposición de ser solteras. Explica historias de mujeres a las que se les marginaba, abusaba o despreciaba, pero también otras de superación personal. En otra parte del libro describe la trayectoria emocional de la mujer soltera, a través de su propia experiencia y de la necesidad de enfrentarse sola a la vida (como sobrevivian económica, emocional y sexualmente). Y el último capítulo es una reflexión y un homenaje a los logros de esta generación de mujeres solteras. La guerra les cambió la vida y ellas ayudaron a transformar la sociedad. Por eso las mujeres de hoy estamos en deuda con ellas.

“Las cosas que importan.

La guerra y el sufragio cambiaron la naturaleza de las ambiciones femeninas y aportaron una complejidad y una diversidad nuevas. Aún se pensaba que el matrimonio era una vía de realización personal, pero la imagen de la boda, que antes estaba grabada en la conciencia de las mujeres como la solución a todo, empezaba a desvanecerse e iba siendo sustituida por otro tipos de sueños. El sueño del poder político, de la independencia económica, el sueño del cargo de responsabilidad, de tener una vida pública, de lograr metas profesionales y personales, de explorar y de expresarse…, todo ello se hacían realidad, y cada vez más mujeres demostraban que era factible” (pág. 311)


A mí esta generación me ha recordado la historia, no reconocida, y poco estudiada, de las mujeres de la posguerra española, que tuvieron que enfrentarse solas (viudas, solteras, madres) a la supervivencia y a levantar una familia. Mujeres que, en muchos casos, tuvieron que ocultar o falsear su historia para poder sobrevivir en esa sociedad franquista, represora y mojigata (viudas no reconocidas como tales por matrimonios civiles de la república, madres o huérfanas que no podían llorar a sus muertos por ser del bando “rojo”).
Estoy hablando de muchas de nuestras abuelas y madres, que sacaron adelante a sus hijos y fueron la columna vertebral de muchas familias, aunque con ello su vida se redujo a un continuo sacrificio e incesante trabajo. Esas mujeres demostraron que con su esfuerzo se podían superar muchos obstáculos y, también, conseguir una vida completa “sin el hombre de la casa”. Esas mujeres han sido el modelo de varias generaciones de españolas y nos abrieron puertas y horizonte a todas las mujeres de nuestro país. Les debemos reconocimiento y no olvidar que estamos avanzando pero, todavía queda mucho camino por recorrer, y que no podemos perdonar ningún retroceso en derechos conquistados con tanto esfuerzo.

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