diumenge, 11 d’octubre de 2009

Entrevista a Oliver de Sshutter, relator de la ONU sobre Derecho a la Alimentación





No os perdais una entrevista sobre la agricultura y su relación con los problemas de pobreza y hambre a Olivier de Shutter, relator especial de la ONU sobre Derecho a la Alimentación. Comienza a ser importante que notícias sobre la pobreza, el hambre o el subdesarrollo pasen a las páginas principales de las ediciones de los periódicos.

ENTREVISTA: OLIVIER DE SCHUTTER Relator especial de la ONU, de Cristina Delgado en El País (5-10-2009)

"La agricultura vuelve a estar de moda y eso puede ser peligroso"

Alimentos básicos para la supervivencia de medio mundo como el arroz o el maíz llegaron a doblar su precio en 2008. Revueltas, hambrunas, cierres de fronteras comerciales. Un año después, los precios casi han vuelto a su cauce. ¿Han terminado los problemas? Olivier De Schutter, relator especial de la ONU para Derecho a la Alimentación, asegura que el hambre crece y la especulación sigue ahí, porque los problemas estructurales no se abordaron.

Pregunta. El precio, por ejemplo, del maíz ha vuelto a niveles de 2006 en la Bolsa de materias primas de Chicago. ¿La crisis alimentaria ha terminado?

Respuesta. No. Los precios en los mercados internacionales son un indicador muy simple sobre la realidad alimentaria en los países pobres. En muchos lugares los precios siguen muy elevados. En los países ricos nos concentramos en el mercado de Chicago, pero no podemos olvidar que los granjeros de los países pobres no comercian con esa Bolsa, ni tampoco los consumidores compran en ellas. Ellos acuden a los importadores locales, que en muchas ocasiones tienen una posición monopolística.

P. Muchas organizaciones proclamaban en 2008 que la mala situación debía aprovecharse para hacer cambios esenciales en la agricultura.

R. Deberíamos aprender de la crisis para construir sistemas para la alimentación más resistentes y asegurarnos de no volver a vivir un shock de esta magnitud. Pero el hecho es, sin embargo, que los gobiernos no han hecho nada significativo. Y eso que el interés en la agricultura ha crecido, y el dinero está entrando, pero muchas causas de la crisis no están siendo tratadas. Por ejemplo, no hay iniciativas respecto a la especulación en los fondos y las Bolsas vinculadas a las materias primas. Tampoco se abre una discusión sobre los biofueles, que pueden influir en los precios de las tierras y que, en algunos casos, pueden impactar negativamente.

P. ¿Cuánto dinero hace falta para solucionar la alimentación mundial?

R. El dinero es importante, y es cierto que se ha aportado una mínima parte que lo que se ha dedicado, por ejemplo, a los rescates bancarios. Pero no es la única cuestión. Es igual de importante decidir cómo se usa. Se pueden conseguir cambios esenciales sin inversiones muy elevadas. Creo que los países sí están comprometidos con acabar con la pobreza, pero deben ir más allá de lo económico. La pobreza es una cuestión política, de decisiones, de responsabilidad. Hay que plantearse cómo se deciden las inversiones, y qué mecanismos obligan a rendir cuentas.

P. ¿Quién debería cargar con esa responsabilidad?

R. Con la gestión del dinero existen dos problemas. El primero es que, en lo relativo a las promesas de donaciones millonarias que los países han hecho en conferencias y cumbres no existe una obligación de rendir cuentas ni un seguimiento. Así que, en muchos casos, sólo una fracción de lo que se prometió se entrega. El segundo problema es que cuando uno pregunta cómo podemos administrar ese dinero hay una completa falta de discusión. Parece que sólo hay un modo de gastarlo: inversión en agricultura. Pero eso es un concepto amplio. Existen muchos modos de inversión: subsidios, sistemas de almacenaje, agricultura ecológica... Y esas cuestiones, las elecciones más importantes, se dejan sin discusión pública, y sin exigir responsabilidades.

P. Ha denunciado que países ricos y empresas han comprado ya 30 millones de hectáreas de cultivo en países pobres. ¿El neocolonialismo acecha?

R. Por una parte, quiere decir que la inversión en la agricultura, que llevaba años parada, vuelve a estar de moda. Y muchos países han podido aprovechar para mejorar cosas. Sin embargo, esta tendencia puede tener consecuencias muy peligrosas. El precio de la tierra está subiendo y cada vez se escuchan más historias sobre empresas que compran enormes terrenos para biofuel o sobre granjeros en la miseria que descubren que las tierras que cultivaban desde hace años han sido vendidas a un inversor extranjero.

P. ¿El G-20 tuvo tiempo de pensar en la crisis alimentaria?

R. La mayor decisión en este sentido que se tomó en Pittsburgh fue pedir al Banco Mundial que establezca un fondo fiduciario multilateral para apoyar la agricultura y que sea el Banco Mundial quien proponga cómo gestionarlo y dónde será destinado.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada