diumenge, 4 d’octubre de 2009

Luis Mateo Díez: El animal piadoso


"También el viejo, que vendía los iguales cerca del Parque Agropecuario, tenía la barbilla con las púas de Elicio Cedal, aunque en su caso en nada se parecían a los fideos crudos y rotos, estaban más crecidas y ligeramente hurrumbrosas.

Mol se detuvo frente a él. No era la primera vez que le veía dormido de pie, los ojos ciegos y abiertos filtraban el sueño como una vahrada de humo rancio. La boca, también abierta, emitía el ronquido igual que un estertor, por un instante el vacío de Armenta resonó en los oídos de Mol con ese eco de un sueño mortal.

-Lo que necesito es confesa...-se dijo, al cruzar la calle.

El Dios de las malas horas, pensó intentando recuperar el desánimo para remontar el ensimismamiento. No era clara esa idea de Dios, ninguna sostenía lo que pudiera reconfortarle, pero en la advocación existía cierto consuelo, como si la invención sufragara la metáfora de un espejo donde se pudiera mirar, y su propia imagen retituyera la ayuda."

Luis Mateo Díez: El animal piadoso. (pág. 192) Galaxia Gutenberg, 2009

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