dilluns, 2 de novembre de 2009

Vicenç Navarro: Las causas políticas de la crisis mundial


El 30 de octubre, Vicenç Navarro, publicó en su web un magnífico artículo en el que critica algunas de las teorías económicas que se han utilizado para explicar la enorme polarización de las rentas, causa de la crisis económica y financiera. Critíca que algunos argumentos, como la globalización económica, se esgrimen como explicaciones para ocultar que las auténticas causas son las políticas que se han practido para configurar una determinda forma de globalización económica. Explica que las causas reales de la polarización de las rentas han sido las políticas públicas liberales, promovidas por el mundo empresarial (y sobre todo el financiero) para optimizar sus intereses, a costa del mundo del trabajo.


Publicado por Vicenç Navarro en SISTEMA DIGITAL, 30 de octubre de 2009.

"Si ustedes leen la prensa económica de mayor difusión en España (incluyendo las secciones económicas de los cinco rotativos más importantes del país) apenas verán artículos que tocan las causas reales de la Gran Recesión, es decir, la enorme polarización de las rentas que ha ocurrido en la mayoría de países de la OCDE, y muy en particular, en EEUU, como consecuencia de la aplicación de las políticas liberales iniciadas por el gobierno federal de EEUU del Presidente Reagan y por el gobierno Thatcher de Gran Bretaña, y continuadas por los gobiernos de Bush padre, de Clinton y de Bush hijo en EEUU, y de Tony Blair y de Gordon Brown de Gran Bretaña, así como por los gobiernos de Lionel Jospin en Francia, Romano Prodi y Silvio Berlusconi en Italia, Gerhard Schröder y Angela Merkel en Alemania, y José Mª Aznar en España, así como por los dirigentes de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso y por el equipo económico de tal Comisión liderado por el Sr. Pedro Solbes (como Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios). Estas políticas incluían; 1) la reducción de impuestos y gasto público; 2) la desregulación de los mercados laborales, comerciales y financieros, y 3) la reducción de los beneficios sociales y laborales. Cada una de estas políticas contribuyó a la enorme polarización de las rentas, beneficiando las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo. La evidencia de ello (ignorada cuando no silenciada en aquellos medios de información) es abrumadora (ver Navarro, V. (ed.) Globalization, Neoliberalism and Inequalities. Baywood. 2008).

En realidad, hay que remontarse a los años posteriores a 1929 (del crash de Wall Street) para encontrar polarizaciones de renta tan acentuadas como ahora. En 1979, el uno por ciento de la población que pagaba impuestos en EEUU recibía el 8% de la renta nacional. Tal porcentaje había subido en el año 2007 a un 18% de la renta nacional. Y si se incluyen las rentas recibidas por aquel 1% de la población de renta superior, como consecuencia de su propiedad de acciones, los porcentajes aumentan de un 10% en 1979 a un 23% en el 2007. Existe una enorme concentración tanto de la renta como de la propiedad, en los sectores superiores de renta del país, alcanzando una polarización sin precedentes desde la Gran Depresión.

¿Por qué el incremento de la polarización?

Las escuelas económicas dominantes han explicado esta polarización de las rentas como resultado de dos hechos. Uno es la introducción de nuevas tecnologías en la actividad económica, que ha dado mayor valor al conocimiento y a las cualificaciones de los trabajadores. En este escenario teórico, el incremento de las rentas superiores se percibe como consecuencia de la importancia que adquiere la formación de los trabajadores en una economía necesitada de personal cualificado. Todo el proyecto intelectual-político de establecer la “sociedad del conocimiento” (promovida por la estrategia de Lisboa del año 2000) estaba basado en esta interpretación de la realidad. Puesto que a mayor educación/ formación, mayor salario, había que invertir en educación y formación. Era un esquema fácil de entender y fácil de llevar a cabo. Según tal argumento, lo que tenía que hacerse para disminuir las desigualdades sociales y prevenir la exclusión social era dar formación a la fuerza laboral. Este mensaje ha sido muy poderoso en estos últimos años.

La segunda explicación que se ha dado de la creciente polarización de rentas era el fenómeno de la globalización, que estaba relacionada con la explicación anterior. Los trabajadores no cualificados en los países ricos competían con los trabajadores no cualificados del tercer y cuarto mundo, forzando sus salarios y condiciones de trabajo a la baja. Esta situación ocurría bien a través de la globalización de la actividad económica (incluyendo la deslocalización de las empresas, trasladándose a países del tercer o cuarto mundo) o mediante la movilidad internacional del trabajo, es decir, la inmigración. Según tal explicación, la globalización ha llevado a un empobrecimiento masivo de los sectores laborales de escasa formación, distanciándose sus rentas de los sectores laborales cualificados menos afectados por tal fenómeno de la globalización.

La despolitización del fenómeno económico

A primera vista parece que ambas explicaciones son creíbles: parecen razonables. Ahora bien, el problema que tienen es que ambas explicaciones despolitizan lo que es un fenómeno profundamente político. Asumen que la importancia del conocimiento y de la globalización como factores causantes de la enorme polarización de las rentas (y de la propiedad) son factores exógenos a la sociedad (algo que viene dado de fuera de la propia sociedad) sin que se vean consecuencia del desarrollo de los conflictos internos existentes en cada sociedad. Tales argumentos representan la apolitización del fenómeno económico, lo cual es un obstáculo para entender lo que ocurre en la sociedad y, poder intervenir para cambiarla. Tanto la introducción de nuevas tecnologías como la globalización, ocurren dentro de contextos políticos específicos que configuran cómo, cuándo y con qué consecuencias ocurre cada uno de estos fenómenos. En otras palabras, tales fenómenos no son las causas de la polarización de rentas sino los síntomas de unas relaciones de poder, que son las causas reales de tal polarización. Veamos los datos.

La reducción de las desigualdades de renta en EEUU que tuvo lugar desde los años treinta a finales de los años setenta fue resultado de la fuerza del movimiento obrero en aquel país. Fue en los años treinta cuando se estableció el movimiento sindical (apoyado por la Administración Roosevelt primero y la Administración Truman después) que organizó, en los años cuarenta y cincuenta, a la mayoría de los trabajadores industriales, la fuerza mayor dentro del movimiento obrero. Más tarde, el movimiento de los derechos civiles en los años sesenta, y los movimientos feministas, así como el movimiento ecologista en los años setenta y ochenta forzaron cambios, no sólo políticos, sino también económicos tales como la prohibición de la discriminación de raza y de género, así como la inclusión de los costes de destrucción del ambiente como factor evaluador de las políticas públicas. Todas estas medidas fueron opuestas por el mundo empresarial que tuvieron que aceptarlas, por fin, a regañadientes, aunque nunca acabaron de incorporarlas completamente en sus prácticas empresariales. Aprovecharon cualquier resquicio en las leyes y prácticas federales para no llevar a cabo su puesta en marcha y desarrollo.

En realidad, la respuesta neoliberal de los años ochenta fue la respuesta del mundo empresarial a las conquistas sociales del mundo del trabajo, que habían conseguido toda una serie de conquistas sociales y laborales en la época 1930-1970, alcanzándose en 1979 la menor polarización de las rentas que EEUU conoció desde los años treinta. La respuesta empresarial se inició ya durante la Administración Carter, cuando su ministro de Economía, el Sr. Volker, inició una recesión como manera de reducir el poder sindical. Las políticas de Carter fueron continuadas y aumentadas por Reagan. Tales políticas representaron un ataque frontal a los movimientos obreros y a los movimientos sociales, y se presentaron bajo el argumento de que eran necesarias para mejorar la eficiencia de la economía. El descenso del salario mínimo, la desregulación de los mercados de trabajo, la desregulación del comercio, la privatización de los servicios públicos, y el aumento de la regresividad fiscal, eran presentadas como necesarias para recuperar la eficiencia de la economía; en realidad estaban orientadas a debilitar al mundo del trabajo. Y todas ellas contribuyeron a incrementar las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, causando un enorme crecimiento de la polarización de las rentas. La manera como se utilizaron las nuevas tecnologías y como se realizó la globalización era consecuencia directa del enorme dominio del capital que diseñó tales políticas públicas con el fin de incrementar su poder y sus rentas a costa de las rentas del trabajo. Y esto ocurrió en ambos lados del Atlántico, alcanzando su máximo desarrollo en EEUU, donde la enorme debilidad del mundo del trabajo y de las izquierdas (en ningún país de la OCDE las izquierdas son tan débiles como en EEUU), ha sido devastador para la calidad de vida de las clases populares. Es importante señalar que el objetivo teórico de tales reformas no se alcanzó. Antes al contrario, la eficiencia económica del periodo 1980-2004 fue menor que la del periodo 1950-1980. Pero aumentar la eficiencia económica no era la causa real de tales políticas. La causa real era aumentar las rentas del capital a costa del trabajo y esto es lo que lo consiguieron, incluso a costa de crear la crisis mundial."

2 comentaris:

  1. Cuando la política hace dejación de funciones, es cuando el capital organiza y dirige la sociedad.

    No estoy de acuerdo en que las políticas han creado la crisis, es más bien la falta de políticas efectivas lo que ha llevado al mundo a la orgía financiero-liberal, al menos en esta última crisis.

    Tampoco estoy nada convencido de que aumentar los derechos de los trabajadores en el primer mundo permita que las grandes corporaciones se pleguen a la política y podamos cambiar el rumbo de la historia, lo cual no significa que dejemos de intentarlo.

    Son precisamente las políticas de los paises en vías de desarrollo las que crean las condiciones favorables para que las grandes multinacionales deslocalicen sus factorías en favor de condiciones laborales más precarias y baratas. Como ocurrió en los años setenta en España, hoy los grandes gigantes asiáticos ( China e India, principalmente) se han dado cuenta que su principal motor de crecimiento es su fuerza de trabajo, la competividad de sus salarios y la estabilidad laboral de unos trabajadores sin capacidad de movilización.

    No podemos hacer gran cosa para frenar las deslocalizaciones de empresas del sector del automóvil en favor de China, Corea, O Vietnam, como tampoco podemos evitar que en la India millones de técnicos e ingenieros en telecomunicaciones trabajen en las empresas TIC por salarios de trabajadores no cualificados en el primer mundo, pero sí que podemos impulsar políticas que den valor añadido a las capacidades de nuestro tejido productivo. Si somos un país líder en tecnología solar y eólica, no dejemos de subvencionar este sector, y apostemos fuerte. también somos el segundo destino turístico mundial... ¿ no tenemos margen de mejora en nuestro sector turístico? Nuestras empresas energéticas compiten en todo el mundo con las principales compañías americanas, rusas y francesas... Tenemos un sector financiero envidiable, visto lo visto en los últimos años.

    Creo que es el momento de la formación, de la transformación de nuestra mentalidad y del cambio, si somos capaces de adaptarnos y sacar lo mejor de nuestras capacidades, tenemos un futuro brillante por delante. Es hora de hacer política, pero política de verdad, de destinar recursos a la investigación y desarrollo, a la formación, de cambiar el modelo educativo por otro mucho más transversal que motive a los alumnos y mejore sus resultados al final de la enseña obligatoria...

    Podemos aumentar los derechos de los trabajadores y trabajadoras ( sobre todo estas últimas) a golpe de ley, pero ello no evitará que el capital migre a otros lugares, en cambio si dedicamos esfuerzos a cambiar el modelo, a educar, investigar y formar... el capital vendrá a nuestra mano ( es una metáfora, no sea que me lea Garzón) como las palomas al trigo.

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  2. Capitain,
    En muchas cosas de las que dices tienes razón. Pero para cambiar el modelo económico español (que es el mismo dd planes del 59), educar, formar, invertir en investigación y desarrollo, etc… no podemos permitir que se instale un sistema de liberalismo económico absoluto. Sólo el estado de bienestar puede garantizar ese modelo de desarrollo y inversión en educación, investigación y desarrollo. Pq no es el capital privado quien hará esa inversión de largo plazo, y la que haga a corto, dejará de lado conceptos, para mí fundamentales, de justicia social i de igualdad de oportunidades.
    Y para ello, como bien dices al principio, la política no puede hace dejación de su obligación y dar todo el protagonismo al capital. Aunque como sabes, durante bastantes años antes de la gran crisis mundial que padecemos, decir eso de que hay que hacer política y dar protagonismo a la acción de los gobiernos democráticamente establecidos, para regular la acción del capitalismo más salvaje, no estaba de "moda". Es más, si defendias que la globalización no se podía dejar sóla en manos del mercado(incluidos algunos ámbitos de la izquierda descafeinada)te miraban como si fueras un bicho raro o desfasado. Seguramente, la actual crisis, a pesar de su crudeza para la gente que se está quedando sin trabajo, puede servir para recuperar algunos valores y políticas que nunca se tenían que haber puesto en cuestión.

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