dissabte, 30 d’abril de 2011

Adiós al Estado del Bienestar: artículo de Albert Garrido




Artículo de opinión de Albert Garrido, en el Periódico, 12 abril 2011. En la sección: Las consecuencias de la crisis económica


Adiós al Estado del bienestar.


Ha dejado de existir el laborioso empeño que asumieron la democracia cristiana y la socialdemocracia.


El Estado del bienestar es incompatible con casi todas las disposiciones que se adoptan para vencer la crisis, contentar a los mercados y restablecer la confianza en el futuro. De forma genérica, es incompatible con cuanto aconsejan los gurús que dicen saber qué camino hay que seguir para salvar los muebles. De forma más concreta, es incompatible con lo que sigue:


1. El sometimiento absoluto de los estados a los criterios de los mercados financieros.

2. La reducción del Estado a su más mínima y débil expresión.

3. La suplantación de la política por la contabilidad y de los políticos por tenedores de libros.

4. La reducción de las obligaciones fiscales de las rentas altas -regalos fiscales- y el mantenimiento de la presión tributaria sobre las rentas medias y bajas.

5. El mileurismo rampante que conduce inevitablemente a la proletarización de las clases medias.

6. La economía sumergida y el sub-

empleo -puede que infraempleo- que da pie a la articulación de una sociedad paralela, opaca, desregulada y extremadamente dual.

7. La libertad con la que operan los manipuladores del mercado: especuladores, bajistas, financieros de fortuna y agencias de calificación.

8. Los adoradores del mercado que, a pesar de cuanto ha sucedido, siguen pensando que los desastres ocasionados por el mercado tienen solución paradójicamente en el propio mercado.

9. La fascinación por el modelo chino, en el cual los mecanismos de protección social no tienen cabida.

10. Los nacionalismos, con Estado o sin él, que, en caso de duda, entre atender a la nación o cuidar de los ciudadanos, optan por la nación y sacrifican a los ciudadanos.

11. El sindicalismo de bajos vuelos que cree que, blindando el pasado, se puede construir el futuro.

12. La fortuna cosechada por lo políticamente correcto, cuyo único objetivo es garantizar que nadie cambiará las reglas del juego.

13. El desprecio del valor y el significado de los bienes y los intereses colectivos.

14. El déficit demográfico derivado de tasas de natalidad irrisorias.

El ecosistema del Estado del bienestar solo es posible merced a delicados equilibrios sociales, pero cuando concurren en una sociedad -la nuestra- los factores mencionados o parte de ellos, se descompone rápidamente. Al igual que el planeta no puede soportar el crecimiento exponencial del dióxido de carbono, el Estado del bienestar no puede subsistir en una atmósfera social viciada por el reparto de la miseria, la sistemática socialización de las pérdidas y la escandalosa privatización de las ganancias. Por más que las agencias de calificación, el FMI, el BCE y toda la parentela insistan en que el buen camino es este.

Efectos prácticos y resumen de lo antedicho: si se quiere comprar un país a precio de saldo, basta con contar con la complicidad de una o varias agencias de rating. Cerrada la alianza, dar el golpe es solo cosa de tiempo y paciencia. Los países caen como fruta madura deslumbrados por la luz cegadora de los profetas del apocalipsis económico, la prima de riesgo y otras trapisondas legales. Sucede así que en menos de un suspiro se da la vuelta a la tortilla y -¡oh, días prodigiosos!- se pone en circulación la idea de que deben pagar la crisis quienes son sus víctimas y deben salir con bien cuantos la provocaron en Wall Street y otros barrios.

Siguen luego una serie de extrañas recomendaciones que, muy resumidas, caben en una frase: aquellos que quieran el Estado del bienestar, que lo paguen de su bolsillo, que quienes no lo precisan no tienen por qué sufragarlo en la parte que la decencia induce a pensar que les toca. En realidad, todo se envuelve en un lenguaje incomprensible que, cuando se vuelve comprensible, resulta sonrojante. Se trata de un lenguaje desvergonzado, destinado a justificar lo que no tiene justificación, un compendio de recomendaciones que condenan indefectiblemente a los jóvenes a vivir peor que sus padres, que exigen a la sociedad la mansa aceptación de la injusticia social como norma de obligado cumplimiento.

De momento, solo es seguro que la trabajosa construcción de la economía social de mercado, trasunto del Estado del bienestar, ha saltado por los aires. Ha dejado de existir aquel laborioso empeño que, con diferentes etiquetas políticas, asumieron la democracia cristiana y la socialdemocracia en la posguerra mundial y fue el santo y seña de la prosperidad de Occidente frente a la gris realidad de la economía planificada y el socialismo realmente existente. Se ha deshilachado todo el entramado de estabilidad emocional y cohesión social que garantizó el modelo durante la larga guerra fría, y no hay forma de zurcirlo. En realidad, el Estado del bienestar ha dejado de ser necesario como forma de humanización del capitalismo sin cortapisas, como modelo razonablemente justo frente a la sociedad desmañada, la abulia y el totalitarismo sin esperanza del bloque del Este, que dejó de existir. Descanse en paz el Estado del bienestar.

diumenge, 24 d’abril de 2011

¡Indignaos! de Stéphane Hessel: Volvamos a recuperar los valores clásicos de la izquierda.


Parece que se vuelve a poner de moda el panfleto, el escrito político de ideas que quieren movilizar a las personas contra lo establecido, como en el siglo XIX y una buena parte del XX (por lo menos hasta la caída del muro de Berlín). El panfleto-escrito de Stéphane Hessel ¡Indignaos!, es como dice el subtítulo un “alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica”.


Es un escrito que no hace recuperar viejos valores de la izquierda, que algunos creían i/o querían olvidados y enterrados. Valores como la solidaridad, los derechos universales, los derechos sociales y políticos, la justicia social…que son la esencia del Estado del Bienestar europeo, creado después de la II guerra Mundial y que los ultraliberales y la derecha económica, ideológica y política de todos los países están empeñados en destruir. En el contexto de una crisis económica, esencialmente causada precisamente por el mercado financiero y capitalista sin travas y control político, se nos quiere hacer creer que la solución está precisamente en la destrucción del reducto del Estado del Bienestar Europeo.


Un panfleto hecho por un nonagenario y que es una llamada a la juventud (yo digo que también a todas las edades) para que no olvidemos los principios básicos de la lucha por la igualdad, la solidaridad y la justicia social de los pueblos y que su conquista ha costado siglos de lucha de hombres y mujeres de todo el mundo.


Un escrito imprescindible para que no olvidemos, para que no nos dejemos llevar por falsos argumentos economicistas y, sobre todo, una excusa fácil para hablar a nuestros hijos de cosas y de valores. Ideas que, los ya que tenemos una edad, muchas veces ya damos por descontadas y que nadie les ha explicado con suficiente claridad, en una sociedad marcada por el consumo rápido y por el individualismo más insolidario.

Un escrito que también nos ayuda a entender las autéticas razones de las políticas de recortes sectoriales del gobierno de CIU, que quiere aprovechar el discurso de “no hay dinero” para desmantelar la enseñanza y la sanidad pública de Catalunya en aras de beneficiar a las escuelas y las mutuas privadas.

Es corto y fácil de leer, así que no os lo perdáis. Aquí teneis algunos párrafos para abrir boca:

“…un conjunto de principios y valores sobre los que se asentaría la democracia moderna…

Estos principios y valores son hoy los más necesarios que nunca. Todos juntos debemos velar por que nuestra sociedad sea una sociedad de la que podamos estar orgullosos: no esa sociedad de sin papeles, de expulsiones, de recelo hacia los inmigrantes; no esa sociedad que pone en duda la jubilación, el derecho a la Seguridad Social; no esa sociedad donde los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente...

El interés general debía primar sobre el interés particular y el reparto justo de las riquezas creadas por el mundo del trabajo, sobre el poder del dinero…

Se atreven a decirnos que el Estado ya no puede garantizar los costes de estas medidas ciudadanas. Pero ¿Cómo puede ser que actualmente no haya suficiente dinero para mantener y prolongar estas conquistas cuando la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, un periodo en el que Europa estaba en la ruina? Pues porque el poder del dinero…nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general. Nunca había sido tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero…

Nosotros, veteranos de la Resistencia…apelamos a las jóvenes generaciones a dar vida y transmitir la herencia de la Resistencia y sus ideales. Nosotros les decimos: coged el relevo, ¡indignaos!. Los responsables políticos, económicos, intelectuales y el conjunto de la sociedad no pueden claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia”

Stéphane Hessel: ¡Indignaos!. Barcelona, Destino, 2011 (colección Imago Mundi, 195)